“En tiempos de incertidumbre emprender se transforma en una necesidad” comentaba un amigo en un artículo que escribí la semana pasada. No podría sentirme más identificado. Creo que emprender no se trata solamente de crear una empresa. Es una filosofía de vida. Es emprender tus sueños, tu carrera profesional, tu marca personal.

Uno de mis principales insights de esta cuarentena es el poder infinito que tenemos para crear y adaptarnos a situaciones imprevistas. De hecho cuando empezó esta montaña rusa de emociones estaba muy bajoneado a nivel personal.

Especialmente recuerdo que al comienzo, cuando todo era incierto, lo primero que pensamos fue: ¿cómo seguimos adelante con nuestro plan sin permitir que esto nos afecte? . Creímos ingenuamente que una pequeña vuelta de tuerca a nuestras estrategias sería suficiente. Pero a medida que pasaban los días, cada estrategia que adoptamos debía ser descartada ante las nuevas medidas impulsadas por las autoridades para aplanar la curva. Llegó un punto en el que prácticamente nos quedamos paralizados ante la situación, esperando una dirección.

Luego de dos años tomando decisiones como parte de una junta directiva nacional, sentí que de repente perdía el rumbo, y el hecho de tener a 200 miembros y cientos de clientes esperando una respuesta, fué uno de los momentos más difíciles en mi vida profesional. Hoy puedo decir, con bastante seguridad, que 2020 nos está dejando más aprendizajes sobre crisis management que el mejor postgrado que uno pueda hacer en esta materia, en cualquier universidad del mundo. Y no lo digo por nuestros aciertos, sino principalmente por nuestros errores.

Hace muchos años me enseñaron que una de las cualidades fundamentales de un líder es la de transmitir positividad ante situaciones difíciles. Actualmente, por primera vez empezamos a escuchar con mucha frecuencia el concepto “positividad tóxica”. De repente Instagram se convirtió en un concurso de productividad donde la norma es aprender cocinar, ponerse en forma, ser un experto en home office y seguir con nuestras vidas como si no hubiera pasado nada. 

Toda esta situación tuvo consecuencias directas en mi estado de ánimo, de modo que, cuando un amigo, un familiar o un colega me preguntaba cómo estaba, mi mensaje siempre era el mismo: estoy bien y todo va a estar bien, no te preocupes. Pero el que estaba preocupado en realidad era yo mismo, porque además de estar afrontando una situación sin precedentes no era capaz de sentir las emociones que realmente estaba atravesando. No estaba siendo vulnerable ante la situación.

Una de las experiencias que hizo un click en mi modo de afrontar la crisis, fue cuando ví por primera vez la charla de Susan David sobre el regalo y el poder del coraje emocional. Fue la primera vez en que empecé a interpretar mis emociones como datos. Fue entender que no hay emociones positivas o negativas, simplemente emociones y tenemos que aprender a transitarlas, a convivir con ellas. Reprimir emociones en una posición de liderazgo puede traer enormes consecuencias para nuestra vida personal y para toda nuestra organización. Hoy más que nunca necesitamos líderes con inteligencia emocional. 

Así, a partir de animamos a sentir, a darle un espacio a las emociones, toda la situación empezó a cambiar. Aceptamos como equipo que no teníamos claridad de cómo afrontar la crisis y por iniciativa de John, nuestro líder, llevamos adelante un espacio de 3 días de jornada completa para re-planificar nuestros proyectos de cara al nuevo contexto que teníamos enfrente, para hacer un plan de contingencia.

Mi rol cambió rotundamente. En menos de una semana llevamos adelante dos nuevas campañas en redes sociales. Una de ellas llamada #LiderazgoTambiénEs que buscó reflejar cómo actuaba un líder en tiempos de coronavirus. Una de las grandes victorias de esta campaña fue que nuestros voluntarios se convirtieron en protagonistas, creando ellos mismos el contenido para redes sociales y compartiendo sus propias historias de Liderazgo. Una de las piezas de contenido que más nos conmovió fue la canción “Stay Home” de Maria Fernandez, voluntaria en la universidad Pompeu Fabra.

La otra campaña se llamó #AlzáTuVoz. Esta estrategia se convertiría en la investigación de mercado más grande que hemos llevado adelante en AIESEC Spain, recolectando la opinión y los datos de más de 800 personas sin ejecutar ningún tipo de inversión. La clave también fue involucrar a nuestra membresía y a nuestros clientes a través de un challenge en Instagram, en donde las personas simplemente nominaban a otros amigos a rellenar nuestra encuesta. También fue fundamental el apoyo de universidades que colaboraron enviando la encuesta a sus estudiantes.

Además de mi rol como Director de Marketing, me enfoque en otros proyectos en paralelo pensando en nuestros voluntarios y en la sustentabilidad de nuestra organización. En menos de un mes creamos y lanzamos una plataforma llamada #EsPasiónHub para mantener a nuestros +200 miembros educados y conectados con nuestra esencia cómo AIESEC. A la par del lanzamiento de esta plataforma entregamos webinars online semanales para mantener a nuestro talento unido y trabajando a pesar del distanciamiento físico.

Pero eso no era suficiente. Necesitábamos empezar a pensar en el después. ¿Cómo logramos reactivar a nuestra organización luego del impacto que el COVID-19 tendrá en nuestras operaciones? Necesitábamos un proyecto a largo plazo. Algo que pudiera darnos esperanza de que todavía podemos soñar con hacer cosas grandes. Necesitamos recuperar la ambición y el hambre de comernos la cancha. Así fue cómo nació la idea de Foro Jóven 2030 por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Durante un tiempo indefinido la posibilidad de juntar a jóvenes de toda España en un mismo auditorio nos parecía una idea lejana. Pero sí podemos soñar con hacer foros más pequeños, simultáneos, colaborativos, para que toda nuestra red de voluntarios se organice en un mismo proyecto; para entregar el foro más grande en la historia de AIESEC Spain; para hacerlo más accesible y llegar a cada una de las universidades donde estamos presentes.

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Una vez más nuestra red nos demostró que no estamos solos en esto. En un espacio de co-creación que duró 1 hora y 40 minutos cada oficina local adaptó nuestra estrategia a su propia realidad, presentando su propuesta de agenda para cada foro, su timeline de ejecución, partners potenciales e inputs para poder llevar adelante la estrategia de manera conjunta.

En este momento entendí el impacto que tiene el propósito de crear, en mi vida profesional y personal. Cuando me encontraba aplicando a este rol hace un año, no tenía ni la menor idea con lo que realmente me iba a encontrar. Pero al momento de redactar mi postulación decidí que tenía que girar en torno a un concepto: Elegí la frase “Un hombre en busca de sentido” haciendo referencia al libro de Viktor Frankl. Mi objetivo: “hacer acciones con significado para romper barreras”. Hoy esa frase tiene en mi vida más significado que nunca.

“La vida se vuelve insoportable no por las circunstancias, sino por la falta de sentido y propósito” Viktor Frankl

Hoy puedo darme cuenta que cuando ponemos todas nuestras energías enfocadas en nuestro potencial creativo al servicio de otras personas suceden cosas increíbles. Podemos adaptarnos a cualquier situación o contexto, podemos involucrar y conectar a gente con muchísimo talento, podemos llevar adelante proyectos de enorme impacto social con el mínimo de recursos. El recurso más importante es nuestro propósito y nuestra fuerza de voluntad. No hay cuarentena, ni distanciamiento físico capaz de limitar ese recurso.

Quizás es momento de dejar de ver esta pandemia como una crisis y empezar a verla como una oportunidad. Una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos. Para aprovechar el tiempo libre que tenemos y mirar hacia adentro. Para entender qué rol queremos jugar en nuestra sociedad y que huella queremos dejar en el mundo. Asumir un rol activo, protagonista, cómo agentes de cambio, como emprendedores de nuestros propios sueños. Emprender ya no se trata de una opción. Es una necesidad, una responsabilidad, y llegó el momento de asumirla.

Arturo Grande

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